16/07/2022
Oruga procesionaria: qué es, por qué es peligrosa y qué hacer si tiene contacto con tu perro
La oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) se llama así por su característico paso marcial, formando una larga y apretada fila con otros individuos como si fueran vagones de tren. Este desfile se produce entre marzo y abril, coincidiendo con el aumento de las temperaturas y tras abandonar el pino en el que los insectos han pasado su estado larvario, y su destino es un lugar bajo tierra donde permanecer, ya como crisálidas, hasta el momento de emerger en verano como polillas. Las hileras de orugas pueden resultar llamativas, pero toparse con una de ellas entraña un riesgo para la salud, especialmente en niños y perros.
POR QUÉ LA ORUGA PROCESIONARIA ES PELIGROSA
Lo cierto es que basta un contacto mínimo con esta especie para sufrir dermatitis, lesiones oculares, urticarias y hasta reacciones alérgicas debido a la liberación de histamina. "Ni siquiera es necesario el contacto directo con las orugas ya que, cuando éstas se sienten amenazadas, lanzan sus pelos al aire, lo que genera irritaciones y alergias, especialmente si éstos alcanzan, por ejemplo, los ojos
EN CASO DE TENER CONTACTO DIRECTO CON UNA ORUGA:
-Quitar los pelos en la zona afectada con la ayuda de unas pinzas o de cinta aislante (no usar las manos)
-Lavar la zona con abundante agua
-Evitar rascarse o frotarse la zona afectada
-Algunos expertos recomiendan tomar un paracetamol para aliviar la molestia
-Acudir al médico en caso de sufrir fiebre, problemas respiratorios, inflamación de cara o lengua, de padecer de asma o cardiopatías o en caso de embarazo.
UN PELIGRO DE MUERTE PARA LOS PERROS Los dueños de los animales de compañía, especialmente de los perros, deben tener prudencia en caso de estar cerca de pinos, aconsejando en esos casos el uso de la correa, ya que el contacto con la oruga puede llegar a ocasionarles la muerte.
Si un perro se acerca a olisquear la fila de procesionarias, los pelos de las orugas pueden quedarse pegados o clavados en la zona de contacto (hocico, lengua y patas son las zonas más sensibles), prolongando la potente reacción inflamatoria. Como recuerdan desde ANECPLA